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LA MAGIA DE LA TAUROMAQUIA
(Coloquio de García Lorca)

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Es impostergable hacer ciertos comentarios sobre los enigmas que rodean a la fiesta taurina.

Cierta ocasión me encontraba rodeado de familiares y amigos hablando sobre la fiesta de los toros; absurdo fue tratar de explicar algo a gente que no necesita ser perturbada con temas de poco interés. Sin embargo creo que es necesario explicar él porque de la existencia de la Tauromaquia. Pues no hay nada peor que dar una opinión de un tema que no se conoce...

Ciertamente la verdadera Magia Taurina va mas allá de los siglos. Al paso de los años como es sabido en este viejo vecindario de Nevadón, cientos de verdades se vuelven historias las cuales con el paso del tiempo se transforman en cuentos o fábulas hasta que el olvido y la falta de interés de la misma humanidad hacen que estas mismas se convierten en leyendas, mitos hasta que el conocimiento se pierde o en el peor de los casos, desaparece.

Pero en verdad cientos y miles de cosas son y serán verdad las crea uno o no.

Dicho lo anterior, una pregunta llega a mi mente, ¿Cómo hacer una introducción? Pues poco espacio y tiempo hay para hablar sobre esta cuestión...

Quizás sea bueno comenzar con la ayuda de un personaje, robarle un poco de sus pensamientos para no ser el único involucrado en esta historia, y principalmente para aquella gente adulta que solo cree en conceptos hechos por su gente favorita.


Madrid España.

Como sucede frecuentemente en España, los fines de semana se realizan las famosas corridas de toros y como es costumbre de cada domingo, miles de personas se dan cita a dichas fiestas.

Un día alguien no muy conocido escucho una platica en un viejo café del Pombo a un joven con aspecto genial y viril el cual ocultaba su ser bajo el nombre de García Lorca, cierta conversación acorde a la tarde y a las circunstancias de aquel día se hizo presente de una manera magistral.

Como sucede frecuentemente en mencionado país, la conversación versó acerca de la Tauromaquia, de inmediato nuestro cómplice, a bien, decidió sentarse en una mesa más cercana pues era impostergable él poder saber de labios de García Lorca sus pensamientos de los extranjeros dispuestos a ver en este juego sangriento una prueba de crueldad del pueblo español a lo cual el joven poeta respondió.


No todos los extranjeros son tan inbeciles, pero la mayoría de los que vienen son simultáneamente atraídos y asqueados por el espectáculo de nuestras corridas.

Esto depende en gran parte de que la mayoría son viajeros filisteos, y aun cuando sean personas cultas, carecen de verdadero espíritu poético.

Espero que al develarles mi poema sobre Ignacio Sánchez Mejía, uno de nuestros toreros más famosos no sea interrumpido.

Solo espero hacer poder ver la belleza heroica, pagana, popular y mística que existe entre la lucha entre el hombre y el toro.

Creo que nadie ha sabido explicar a la gente el contenido profundo, sublime y diré casi sobrehumano del sacrificio taurino.

La corrida en si, a pesar de sus acompañamientos acrobáticos y espectaculares, es en realidad un misterio religioso, un rito sacro. Con sus acompañantes o acólitos, el torero es una especie de sacerdote de los tiempos pre-cristianos, al que el cristianismo no puede condenar.

¿Qué es lo que representa el toro en la conciencia de los hombres? La energía primitiva y salvaje, y al mismo tiempo la ultra potencia fecundadora. Es el bruto con toda su potencia obscura; el macho con toda su fuerza sexual.

Pero el hombre, si quiere ser verdaderamente hombre, debe disciplinar y conducir la fuerza con inteligencia, debe ennoblecer y sublimar el sexo con el amor. Le corresponde matar en sí mismo la animalidad primigenia, vencer el porcentaje de bruto que hay en él. Su antagonista más evidente en su voluntad de purificación es el toro. El hombre debe de matar los elementos taurinos que hay en él: la adoración de la fuerza muscular agresiva y de la fuerza erótica, igualmente agresiva.

La corrida es la representación pública y solemne de esa victoria de la virtud humana sobre el instinto bestial. El torero, con su inteligencia pronta y despierta, con la ligereza de los movimientos rápidos y elegantes de su cuerpo, supera, vence y da por tierra con la masa membruda, ciega y violenta del toro. La victoria sobre la bestia sensual y feroz es la proyección visible de una victoria interior. Por lo tanto, la corrida es el símbolo pintoresco y agonístico de la superioridad del espíritu sobre la materia, de la inteligencia sobre el instinto, del héroe sonriente sobre el monstruo espumajeante o si prefiere, del sabio Ulises sobre el cruel Cíclope. Así pues, el torero es el ministro cruento en una ceremonia de fondo espiritual, su espada no es otra cosa que el descendiente supérstite del cuchillo sacrificial que utilizaban los antiguos sacerdotes. Y así como también el Cristianismo enseña a los hombres a liberarse de las sobre vivencias bestiales que hay en nosotros, nada hay de extraño que un pueblo católico como el nuestro concurra a este juego sacro, aun cuando no comprenda con claridad la íntima significación espiritual del mismo. Se podría recordar también que el rito inicial del antiguo culto de Mitra, aquella religión que en un cierto momento amenazó el triunfo del Cristianismo, consistía en el sacrificio del toro: el tauro bolio. Si los humanitarios y puritanos extranjeros, que habitualmente están dotados de inteligencia más bien estrecha, fueran capaces de profundizar el verdadero secreto de la tauromaquia, juzgarían de una manera muy diversa a nuestras corridas.

Nuestro cómplice al terminar de escuchar la ultima frase se levanto y no pudo evitar presentarse y darle un abrazo ya que aun cuando no diera muestras externas de entusiasmo tan expresivas, reconocí que su ingeniosa y paradojal teoría era merecedora de una atenta meditación.

Ciertamente en la actualidad la degeneración de cientos de cosas en esta basta y ya desgastada sociedad, se puede incluir la degeneración del conocimiento esotérico de la tauromaquia, no obstante es grato poder encontrar gente y toreros que continúan realizando tan majestuosa obra.

El verdadero torero sufre y sonríe lagrimas de sangre al realizar su trabajo, mismas que recorren su alma al enfrentar los instintos animales y taurinos que deben ser despojados duelo tras duelo sobre las almas que a bien desea ayudar a evolucionar y así mismo ayudarse así a crecer espiritualmente, trabajo lento y arduo que deja cicatrices de dolor pues quien podría asegurar que semejante labor es fácil, del dolor a la felicidad, dualidades que deben ser unidas, sea cual sea, en este mundo tridimensional.

El Duelo, obra musical magistral interpretada por La ley, es una muestra simple y urbana sobre el amor y la incomprensión hacia el verdadero corazón místico del torero; de su dolor interior a través de un acto incomprendido de amor. Pero quien dijo que el amor es comprensión.

Agradecemos el inspirado momento de Madona en la realización del video musical take a bow el cual tubo la finura de expresar este acto de amor.

Gracias a los Dioses no soy el único.........





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